Infografía con cinco formas de ayudar al sistema nervioso a recuperar la calma: respirar, movimiento, vínculos seguros, presencia y autocompasión

Cinco formas de ayudar a tu sistema nervioso a recuperar la calma

Este artículo forma parte de la serie sobre el sistema nervioso que comencé con «No estás roto, tu sistema nervioso está intentando protegerte» y continué con «¿Cómo saber si tu sistema nervioso vive en modo supervivencia?». Hoy toca pasar a la acción.

Después de comprender qué es el sistema nervioso y cómo reconocer cuándo vive en modo supervivencia, es normal hacerse una pregunta:

¿Y ahora qué puedo hacer?

Quizá esperes encontrar una técnica rápida o un ejercicio capaz de hacer desaparecer el estrés en unos minutos.

Ojalá existiera.

La realidad es diferente.

Nuestro sistema nervioso no cambia porque se lo ordenemos. Cambia cuando, poco a poco, acumula experiencias que le demuestran que ya no necesita vivir en alerta constante.

No necesita grandes gestos.

Necesita repetición, paciencia y seguridad.

Quiero compartir contigo cinco formas sencillas de empezar ese camino.

No son una receta mágica.

Son pequeñas invitaciones para recordarle a tu cuerpo que puede volver a sentirse seguro.

1. Respira para comunicar seguridad, no para controlar la ansiedad

Muchas personas recurren a la respiración cuando ya se sienten desbordadas.

Y es útil.

Pero la respiración también puede convertirse en una forma cotidiana de dialogar con nuestro sistema nervioso.

No se trata de respirar muy profundo ni de hacerlo perfecto.

Se trata de alargar ligeramente la exhalación.

Cuando exhalamos despacio, nuestro cuerpo recibe un mensaje muy claro:

«Ahora mismo no hay peligro inmediato.»

Cinco respiraciones conscientes pueden parecer poca cosa.

Para el sistema nervioso, son una conversación.

2. Devuelve al cuerpo el movimiento que necesita

Cuando vivimos en alerta, el cuerpo acumula una enorme cantidad de energía preparada para actuar.

Si nunca encuentra una vía de salida, esa activación permanece dentro.

Por eso caminar, estirar, bailar, practicar yoga o simplemente moverse unos minutos al día puede ser mucho más que hacer ejercicio.

Es una forma de completar el ciclo de activación que el cuerpo inició para protegernos.

No necesitas entrenamientos intensos.

Necesitas movimiento amable.

3. Busca personas con las que tu cuerpo pueda descansar

La calma también se contagia.

Nuestro sistema nervioso aprende continuamente del entorno.

Hay personas con las que sentimos que podemos respirar más despacio.

Con las que no necesitamos demostrar nada.

Con las que podemos ser nosotros mismos.

Y hay otras que mantienen nuestro cuerpo en tensión constante.

Elegir vínculos seguros no siempre es fácil.

Pero pocas decisiones tienen tanto impacto sobre nuestro bienestar.

A veces, la regulación también sucede en compañía.

4. Regálate pequeños momentos de presencia

Vivimos gran parte del día pensando en lo que ya pasó o anticipando lo que podría ocurrir.

Mientras tanto, el presente desaparece.

No hace falta meditar durante una hora.

Basta con detenerse unos minutos para sentir el calor de una taza entre las manos.

Escuchar los sonidos que nos rodean.

Mirar el cielo.

Sentir los pies apoyados en el suelo.

Cuando prestamos atención al momento presente, el sistema nervioso recibe información real sobre el aquí y el ahora, en lugar de quedarse atrapado en amenazas imaginadas o recuerdos dolorosos. Es la práctica del mindfulness llevada a lo cotidiano.

5. Háblate como hablarías a alguien que amas

Quizá sea el ejercicio más difícil.

Y, al mismo tiempo, uno de los más transformadores.

Muchas personas viven con un diálogo interno que jamás utilizarían con alguien a quien quieren.

Se llaman débiles.

Se exigen más.

Se culpan por sentirse cansadas.

Pero el sistema nervioso también escucha esa voz.

Cada palabra de exigencia prolonga la sensación de peligro.

Cada gesto de comprensión abre un espacio para la calma.

La autocompasión no significa resignarse.

Significa dejar de convertirse en una amenaza para uno mismo.

La calma no se encuentra. Se construye.

Vivimos en una sociedad que busca soluciones inmediatas.

Queremos dejar de sentir ansiedad cuanto antes.

Dormir mejor desde esta misma noche.

Recuperar la tranquilidad en unos días.

Pero el sistema nervioso no entiende de prisas.

Entiende de experiencias repetidas.

De pequeños momentos en los que descubre que puede bajar la guardia.

Cada respiración consciente.

Cada paseo.

Cada límite que ponemos.

Cada conversación en la que nos sentimos escuchados.

Cada instante de descanso sin culpa.

Todo suma.

Quizá ningún gesto cambie tu vida por sí solo.

Pero juntos pueden cambiar la manera en que tu cuerpo habita esa vida.

Y, poco a poco, descubrirás que la calma no era un lugar al que había que llegar.

Era una relación que necesitabas volver a construir contigo mismo.

«La curación comienza cuando dejamos de luchar contra nuestro cuerpo y empezamos a escucharlo.»

Gabor Maté

Si alguna de estas propuestas te ha resultado útil, cuéntamelo en los comentarios. Me encantará saber cuál de ellas quieres incorporar primero a tu día a día.

Y si quieres seguir comprendiendo cómo funciona tu sistema nervioso, puedes suscribirte gratuitamente para recibir cada nueva publicación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
Merche Zornoza
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.