Mujer sentada contemplando un paisaje de montañas y agua al atardecer, en calma

Mindfulness, el arte de volver al momento presente

Nota: esta entrada actualiza la que publiqué en 2020 sobre mindfulness o atención plena.

¿Cuántas veces has llegado al final del día con la sensación de no haber estado realmente en él? Has hecho muchas cosas —trabajar, responder mensajes, preparar comidas, llevar a los niños, resolver problemas— y, sin embargo, al llegar la noche apenas recuerdas algunos de esos momentos.

Estabas allí, pero tu atención estaba en otra parte: pensando en lo que venía después, repasando algo que había ocurrido antes, anticipando una conversación.

Vivimos buena parte de nuestra vida así: con el cuerpo en un lugar y la mente en otro. Y quizá la práctica que más necesitamos hoy no consista en hacer más, sino en aprender a estar donde estamos. Eso es, en esencia, mindfulness.

Vivir en piloto automático

Nuestro cerebro tiene una capacidad extraordinaria para automatizar lo que hacemos: gracias a ella podemos ducharnos, conducir o preparar el desayuno sin pensar en cada movimiento. El problema aparece cuando ese piloto automático deja de ser una herramienta y se convierte en nuestra forma habitual de vivir.

Comemos pensando en el trabajo. Escuchamos a alguien mientras preparamos nuestra respuesta. Jugamos con nuestros hijos mientras miramos el teléfono. Caminamos por un lugar conocido sin reparar en lo que nos rodea. Nos acostamos y seguimos repasando el día.

Y así, casi sin darnos cuenta, vamos pasando por nuestra propia vida sin terminar de estar presentes en ella. No porque no nos importe, sino porque nuestra atención salta constantemente de un lugar a otro.

Mindfulness no significa dejar la mente en blanco

A veces pensamos que practicar mindfulness es sentarse, cerrar los ojos y conseguir que la mente se quede en silencio. Pero nuestra mente está diseñada para pensar: va a recordar, anticipar, comparar, imaginar. Y eso no es un fallo.

La práctica no consiste en hacer desaparecer los pensamientos, sino en darnos cuenta de que estamos pensando y regresar, una y otra vez, al momento presente. Sin enfadarnos con nosotras mismas. Sin juzgarnos. Simplemente volver: a una respiración, a un sonido, a una sensación del cuerpo, al sabor de lo que comemos, a la persona que tenemos delante.

Volver no significa quedarse

Practicar no es vivir permanentemente concentradas en el presente. Nuestra mente necesita recordar y planificar; eso es útil. El problema no está en irnos, sino en no saber volver.

Y aquí está la clave que más me gusta de la atención plena: no se trata de mantener la atención perfecta todo el tiempo, sino de desarrollar la capacidad de darte cuenta. «Estoy pensando en lo que ocurrió ayer», «estoy anticipando una conversación», «estoy preocupándome por algo que no ha pasado». Y, desde ahí, regresar. Sin reproches. Porque cada vez que te das cuenta de que te has ido y vuelves, estás practicando.

Un minuto puede ser suficiente

No necesitas cambiar tu rutina. Elige un momento cotidiano —ducharte, tomar un café, lavarte los dientes, caminar hasta el trabajo— y, durante un minuto, intenta estar solamente ahí: siente la temperatura del agua, escucha los sonidos, nota los pies en el suelo, observa tu respiración.

Cuando aparezca un pensamiento —porque aparecerá—, no luches contra él: date cuenta y vuelve. Una vez. Y otra.

Y si quieres un experimento para hoy: haz algo que haces todos los días como si fuera la primera vez. Toma ese café sin repasar la agenda. Escucha sin preparar la respuesta. Camina sintiendo tus pasos. No necesitas añadir una actividad más a tu día: solo estar un poco más en lo que ya estás haciendo.

Volver a casa

Para mí, el mindfulness tiene algo profundamente sencillo y, al mismo tiempo, transformador: nos recuerda que la vida no está solo en lo que intentamos conseguir, en lo que nos queda por resolver o en lo que ya ocurrió.

La vida también está aquí: en esta respiración, en esta conversación, en este café, en tu cuerpo sentado mientras lees.

Quizá no podamos vivir siempre plenamente presentes. Pero sí podemos aprender a volver. Porque estar presente no significa que la mente nunca se vaya: significa saber regresar a casa.

Y quizá hoy puedas regalarte solo eso: un minuto para estar donde ya estás.

«La atención plena significa prestar atención de una manera particular: deliberadamente, en el momento presente y sin juzgar.»

— Jon Kabat-Zinn

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Merche Zornoza
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