Mindfulness, el arte de volver al momento presente
He observado que vivimos gran parte de nuestra vida sin estar realmente presentes.
Mientras desayunamos pensamos en todo lo que tenemos que hacer durante el día. Cuando trabajamos, nuestra mente ya está en la siguiente tarea. Y cuando por fin llega la noche, repasamos una y otra vez aquello que hicimos, lo que dijimos o lo que podríamos haber hecho de otra manera.
Sin darnos cuenta, pasamos demasiado tiempo viviendo entre el pasado y el futuro, olvidando el único lugar donde la vida realmente sucede: el momento presente.
Y quizá esa sea una de las razones por las que tantas personas sienten que viven deprisa, aunque no sepan muy bien hacia dónde.
Nota: Este artículo es una actualización y evolución del que publiqué originalmente en 2020 bajo el título «Mindfullness o Atención Plena». Han pasado seis años y mi comprensión de esta práctica se ha profundizado. Aquí comparto mi mirada actual.
¿Qué es realmente el mindfulness?
A menudo se piensa que el mindfulness consiste en dejar la mente en blanco o en meditar durante largos periodos de tiempo.
Sin embargo, su esencia es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más profunda.
Mindfulness significa prestar atención de manera consciente a lo que está ocurriendo aquí y ahora, con curiosidad, aceptación y sin juzgar la experiencia.
No se trata de controlar nuestros pensamientos.
Se trata de observarlos sin dejarnos arrastrar por ellos.
No se trata de evitar las emociones difíciles.
Se trata de aprender a convivir con ellas desde una mirada más amable.
Porque cuando dejamos de luchar constantemente contra lo que sentimos, comenzamos a experimentar una mayor calma interior.
Esta capacidad de observar lo que sucede dentro de uno mismo sin identificarse plenamente con ello es, precisamente, el corazón del autoconocimiento: el primer paso hacia una vida más consciente.
Vivimos en piloto automático
Muchas veces actuamos por costumbre.
Respondemos sin pensar.
Comemos sin saborear.
Escuchamos sin prestar verdadera atención.
Incluso compartimos tiempo con las personas que queremos mientras nuestra mente sigue ocupada en otra parte.
He observado que el piloto automático nos hace sobrevivir, pero difícilmente nos permite disfrutar de la vida.
Una de las manifestaciones más claras de este piloto automático es la forma en que nos hablamos a nosotros mismos. Esas conversaciones internas repetitivas suelen ser el síntoma de una mente que ha perdido el ancla del presente.
Y es precisamente ahí donde el mindfulness cobra sentido.
Nos invita a detenernos.
A respirar.
A observar.
A regresar una y otra vez al único instante que realmente tenemos.
Este.
Algunas señales de que quizá necesites volver al presente
No existe una única forma de saberlo, pero estas situaciones pueden ser una invitación a detenerte:
- Sientes que el día termina y apenas recuerdas cómo lo has vivido
Las jornadas pasan tan deprisa que tienes la sensación de estar sobreviviendo más que viviendo. - Tu mente no deja de anticipar problemas
Vives pendiente de lo que podría ocurrir mañana, olvidando disfrutar de lo que sucede hoy. Si te resuena esta señal, quizá te interese leer «¿Te ocupas o te preocupas?», un artículo donde exploramos precisamente esa línea entre la ocupación consciente y la preocupación inútil. - Revives constantemente conversaciones o situaciones pasadas
Das vueltas una y otra vez a aquello que ya no puedes cambiar. A veces, como comparto en «A veces no reaccionamos al presente, sino a heridas que todavía no han sanado», lo que nos agita hoy tiene raíces más profundas de lo que creemos. - Te cuesta disfrutar de los pequeños momentos
Incluso cuando todo parece ir bien, sientes que tu mente sigue buscando la siguiente preocupación. - Hace tiempo que no te detienes a escucharte
Atiendes las necesidades de todos, excepto las tuyas.
Practicar mindfulness es mucho más que meditar
No hace falta subir a una montaña ni reservar una hora al día.
Puedes practicar la atención plena mientras paseas.
Mientras tomas un café.
Mientras abrazas a un hijo.
Mientras escuchas a alguien sin pensar en lo que responderás después.
Mientras observas cómo entra la luz por la ventana.
El mindfulness no consiste en hacer algo extraordinario.
Consiste en vivir de manera extraordinariamente consciente aquello que ya forma parte de tu vida.
Una invitación para hoy
Quiero proponerte algo muy sencillo.
Cuando termines de leer este artículo, detente durante un minuto.
Respira lentamente.
Observa cómo entra y sale el aire.
Escucha los sonidos que te rodean.
Siente el contacto de tus pies con el suelo.
No intentes cambiar nada.
Simplemente date permiso para estar.
Quizá descubras que la calma no siempre aparece cuando desaparecen los problemas.
A veces aparece cuando dejamos de correr detrás de ellos.
Porque cuanto más aprendemos a habitar el presente, menos poder tienen el pasado sobre nuestra culpa y el futuro sobre nuestros miedos.
Y es ahí donde comenzamos a vivir con mayor consciencia.
«La atención plena significa prestar atención de una manera particular: deliberadamente, en el momento presente y sin juzgar.»
— Jon Kabat-Zinn
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