¿Cómo poner tus límites para no sentirte invadido por el otro?

He tenido que reflexionar en varias ocasiones acerca de mis límites y de cómo exponerlos para que el otro ser humano que tengo delante no se sintiera “agredido” y a la vez que yo tampoco me sintiera “violentada”. Por eso, en este post hablamos sobre cómo comunicar lo que quiero de manera asertiva pero sin franquear límites ajenos y propios. 

¿Preparado? 

Te contaré una historia… ???? 

Hace unos días, y después de haber celebrado mi cumpleaños con una cenita de amigos en casa, decidí reflexionar sobre lo que había sucedido en el transcurso de la noche y sobre las observaciones que había hecho sobre mí, sobre la situación y sobre mi relación con la situación. 

Al cabo de unos días, me di cuenta de que me había sentido desubicada dentro de mi propia casa, fuera de lugar. Creo que no por las personas que allí estaban, al fin y al cabo, ¡las había invitado yo por mi aniversario! Si no por las conversaciones que se iban sucediendo. 

Constantemente hablaban del pasado, de nuestra etapa escolar, de cómo les había ido la vida a unos y otros y de un sinfín de anécdotas que, más allá de eso, nada tenían que ver conmigo y con mi momento actual. Incluso en algún momento, alguna divagó con momentos futuros relativamente mediatos. Sea como fuere, allí estaba yo, algo perdida entre tanta historia pasada que ya nada me aportaba.  

Puse la mejor de las sonrisas e hice por disfrutar del momento, pues era mi día y había decidido celebrarlo con aquellas personas. Al fin y al cabo, la que parecía que había cambiado era yo, el resto lo pasó la mar de bien, disfrutando de las copas y de “guiños” compartidos. 

La cuestión fue que, a los dos días, decidí compartir mi reflexión con la que yo considero más sensata del grupo. Le puse un audio de whatsapp y le conté lo sucedido. Y lo hice a través de este medio porque no quería que nadie me interrumpiera, creía estar haciendo un acto de valor y madurez expresándole cuál había sido mi sentir aquella noche con ella y el resto del grupo. Eso si, de manera empática y asertiva. 

¡¡¡Creo que se quedó ojiplática!!! 

A partir de ese momento, se sucedieron varios mensajes en ambas direcciones. Mi amiga se empeñaba en hablar, en llamarme una y otra vez, en querer saber de mí ahora. Creo que comprendió que, en efecto, y después de los ejemplos que yo le había nombrado en mi mensaje, que yo no aparecía en esas conversaciones, que simplemente había puesto la casa y punto, que ni siquiera sabían nada de mi vida más íntima desde hacía meses… 

Y en este momento es donde aparezco yo preguntándome para qué lo hice y ahora cómo poner límites a aquello que me incomoda. No se trata de no hablar con ella, ni de soltar la chapa y luego no querer escuchar al otro. Voy más allá. 

Creo que, si durante meses yo he estado escuchando y acompañando a mi amiga en su proceso personal, sea como amiga o como coach, y siendo su apoyo cuando lo ha necesitado, el hecho de que yo ahora sienta que necesito que ella se muestre cercana, no quiero vivirlo como algo impuesto, algo que estoy convencida de que hace porque yo le he dado ese “toque de atención”. De hecho, en estos momentos, ni siquiera me apetece hablar. 

Pero aprovechando mis conocimientos en coaching y en comunicación no violenta, decidí marcar mis límites exponiéndole lo que me estaba sucediendo de la siguiente manera: 

Necesidad + petición + recompensa  

¡Y fue muy revelador! 

En primer lugar, yo expuse mi necesidad de espacio, sin agobios, respetando mi momento. A lo que, seguidamente, le pedí respeto y paciencia por su parte, que todo llegaría, pero que no había que forzar nada. Al fin y al cabo, somos amigas desde la infancia y esto sabemos hacerlo. Y para finalizar, la compensé con un “luego te cuento todo lo sucedido y cómo me he sentido”. De esta manera, me aseguraría la tranquilidad de mi amiga al conocer que más tarde le contaría aquello que fuera que me preocupaba. 

Y te puedo asegurar que, desde que le expuse de esta manera lo que quería decir, no sólo marqué mis límites, si no que no dañé su persona y ambas fuimos conscientes de la realidad de la otra. Desde este momento, los espacios de respeto y reflexión se sucedieron de manera más palpable y el día que se produjo la llamada fue con un profundo respeto e incluso admiración.  

Y ya sabes, con la comunicación no violenta es mucho más fácil poner límites respetando al otro pero sobre todo respetándote a ti. Escucha tu cuerpo y haz lo que consideres en cada momento pero sin dañar la “integridad” de nadie, incluida la tuya propia. 

“La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito” 

Ralph Waldo Emerson 

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