Hay conversaciones que cambian una relación.
Y no porque encuentres las palabras perfectas, sino porque decides hablar desde un lugar diferente.
Muchas veces creemos que los conflictos aparecen por lo que sentimos. Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que, en la mayoría de las ocasiones, el verdadero problema no son las emociones, sino la forma en que las expresamos.
Nos enseñaron a callar para evitar problemas, a reaccionar cuando nos sentimos heridos o a defendernos antes de escuchar. Pero pocas veces alguien nos enseñó a comunicarnos desde la calma, el respeto y la honestidad.
Y, sin darnos cuenta, terminamos diciendo cosas que no representan realmente lo que sentimos.
Por eso, una parte importante del proceso de acompañamiento que realizo consiste en aprender una nueva manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Porque una comunicación saludable no empieza en la boca; empieza en el autoconocimiento y en la regulación emocional.
¿Qué es la comunicación asertiva?
La comunicación asertiva es la capacidad de expresar lo que pensamos, sentimos y necesitamos con claridad, respeto y firmeza, sin agredir al otro ni olvidarnos de nosotros mismos.
No consiste en decir siempre lo que pensamos.
Consiste en hacerlo de una forma que construya puentes en lugar de levantar muros.
Ser asertivo significa poder decir:
- “No puedo hacerlo en este momento.”
- “Necesito un poco más de tiempo.”
- “Eso que ha ocurrido me ha dolido.”
- “Pienso diferente, y está bien.”
Sin culpa.
Sin miedo.
Sin necesidad de justificar constantemente nuestra posición.
El modelo BAAS: una guía sencilla para conversaciones difíciles
Cuando una conversación nos genera tensión, puede ayudarnos seguir una estructura que nos permita mantener la calma. Una de las más útiles es el modelo BAAS:
B — Brevedad
Cuando estamos nerviosos solemos explicar demasiado. Cuanto más nos justificamos, más se pierde el mensaje.
Habla de forma sencilla y concreta.
A — Asertividad
Expresa lo que necesitas utilizando mensajes en primera persona.
En lugar de: “Nunca me escuchas.”
Puedes decir: “Yo necesito sentir que mi opinión también es tenida en cuenta.”
A — Amabilidad
La firmeza no está reñida con la empatía.
Podemos poner límites sin levantar la voz.
Podemos discrepar sin atacar.
S — Serenidad
El tono comunica tanto como las palabras.
Respirar antes de responder suele evitar muchas conversaciones de las que luego nos arrepentimos.
La comunicación no violenta: escuchar antes de juzgar
Marshall Rosenberg, creador de la Comunicación No Violenta, propuso un enfoque que transforma profundamente nuestra manera de relacionarnos.
Su propuesta puede resumirse en cuatro pasos:
1. Observa los hechos
Describe lo ocurrido sin interpretar ni etiquetar.
No es lo mismo decir: “Siempre llegas tarde.” que decir: “Hoy has llegado veinte minutos después de la hora acordada.”
2. Expresa cómo te sientes
Habla de tus emociones, no de las intenciones del otro.
“Me siento frustrada.”
“Me siento preocupada.”
“Me siento triste.”
3. Identifica la necesidad
Detrás de cada emoción existe una necesidad.
Quizá necesites respeto.
Quizá tranquilidad.
Quizá colaboración.
Quizá sentirte visto.
Cuando descubrimos la necesidad, dejamos de pelear contra la persona.
4. Haz una petición concreta
No esperes que el otro adivine lo que necesitas.
Pídelo con claridad.
“¿Podríamos avisarnos si vamos a llegar tarde?”
“¿Te parece si hablamos de esto cuando ambos estemos tranquilos?”
Las peticiones abren posibilidades.
Las exigencias suelen generar resistencia.
Una herramienta que puedes practicar hoy
La próxima vez que una conversación te altere, prueba a detenerte unos segundos antes de responder y pregúntate:
- ¿Qué estoy sintiendo realmente?
- ¿Qué necesito en este momento?
- ¿Cómo puedo expresarlo sin atacar?
- ¿Qué petición concreta puedo hacer?
Puede parecer un ejercicio sencillo.
Pero repetirlo una y otra vez cambia nuestra forma de relacionarnos. Y, sobre todo, cambia la relación que mantenemos con nosotros mismos.
Porque cuando dejamos de reaccionar automáticamente y empezamos a comunicarnos con conciencia, también empezamos a vivir con más paz.
Ese es uno de los aprendizajes más transformadores que veo en las personas que acompaño: descubren que no necesitan ganar las conversaciones; necesitan sentirse coherentes con la persona que desean ser.
“Toda crítica, juicio, diagnóstico y expresión de ira es la expresión trágica de una necesidad no satisfecha.”
— Marshall B. Rosenberg
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