Hay algo que, con los años, he ido comprendiendo.
No siempre vivimos de acuerdo con la realidad.
Muchas veces vivimos de acuerdo con la historia que nos hemos contado sobre ella.
Y esa diferencia puede cambiarlo todo.
Porque no reaccionamos únicamente a lo que sucede.
También reaccionamos a lo que creemos que significa.
A lo que pensamos sobre nosotros.
Sobre los demás.
Sobre el mundo.
Y, sin darnos cuenta, esas ideas terminan convirtiéndose en la forma desde la que interpretamos nuestra vida.
¿Qué son realmente las creencias?
Las creencias son las ideas profundas que damos por ciertas.
Son conclusiones que hemos ido construyendo a partir de nuestras experiencias, de la educación recibida, de los mensajes que escuchamos durante la infancia y de aquello que hemos vivido a lo largo del tiempo.
Muchas de ellas nos ayudan.
Nos impulsan.
Nos sostienen.
Pero otras terminan limitando nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar.
El problema es que rara vez las cuestionamos.
Simplemente asumimos que son verdad.
Si quieres profundizar en este punto, hace unos años escribí un artículo sobre nuestras creencias potenciadoras y limitantes que complementa esta reflexión.
No vemos el mundo como es
Existe una frase que me invita siempre a reflexionar:
“No vemos el mundo como es; vemos el mundo como somos.”
Cada persona interpreta una misma situación de manera diferente.
Ante una dificultad, alguien puede pensar:
“Encontraré la forma de salir adelante.”
Otra persona, en cambio, puede decirse:
“Sabía que esto iba a pasar. Nunca hago nada bien.”
La situación es la misma.
Lo que cambia es la creencia desde la que cada uno la interpreta.
¿De dónde nacen nuestras creencias?
Muchas aparecen cuando somos pequeños.
Escuchamos frases que, repetidas una y otra vez, terminan formando parte de nuestra identidad.
“No molestes.”
“Tienes que ser fuerte.”
“No llores.”
“No eres suficiente.”
“Hay que ganarse el cariño.”
“Equivocarse está mal.”
Con el tiempo dejamos de escuchar esas voces fuera.
Porque empiezan a sonar dentro de nosotros.
Y entonces creemos que son nuestras. Si reconoces algunas de estas frases, te invito a leer sobre las heridas emocionales y cómo nos condicionan sin que lo sepamos.
Algunas creencias que suelen acompañarnos
Quizá alguna de estas frases te resulte familiar.
No soy suficiente.
Tengo que hacerlo todo perfecto para que me quieran.
Si digo lo que necesito, decepcionaré a los demás.
Mostrar mis emociones es un signo de debilidad.
No merezco que las cosas me salgan bien.
Siempre tengo que poder con todo.
No importa si nunca las has pronunciado exactamente así.
A veces las creencias no se escuchan.
Se viven. Si te resuena especialmente la idea de “no ser suficiente” o la voz crítica interna, puede ayudarte el artículo sobre autoestima y autocompasión.
¿Cómo saber si una creencia te está limitando?
Hay algunas señales que pueden ayudarte a identificarla.
1. Siempre aparece la misma dificultad
Cambian las personas o las circunstancias, pero tú acabas sintiéndote igual.
2. Reaccionas con una intensidad que no consigues explicar
Determinadas situaciones despiertan emociones desproporcionadas porque activan una historia mucho más antigua.
3. Necesitas demostrar constantemente tu valor
Como si nunca fuera suficiente.
Como si tuvieras que ganarte el derecho a sentirte válido.
4. Tomas decisiones desde el miedo
No eliges lo que deseas.
Eliges aquello que te hace sentir más seguro.
5. Te hablas con una dureza que nunca utilizarías con otra persona
Y terminas creyendo que esa voz crítica eres tú. Hace tiempo compartí 4 preguntas que harán tambalear una creencia que pueden serte de gran ayuda en este proceso.
La buena noticia: las creencias pueden revisarse
Si las creencias se aprendieron…
También pueden revisarse.
No significa negar nuestra historia.
Ni repetir frases positivas delante del espejo esperando que todo cambie.
Significa empezar a preguntarnos si aquello que llevamos tantos años creyendo sigue siendo cierto. El autoconocimiento es el primer paso hacia una vida más consciente, y cuestionar nuestras creencias es una parte fundamental de ese camino.
A veces basta una pregunta para abrir una puerta.
¿Y si no fuera verdad que no soy suficiente?
¿Y si equivocarme no dijera nada sobre mi valor?
¿Y si pudiera vivir de otra manera?
Las respuestas no aparecen de inmediato.
Pero las preguntas ya empiezan a transformar.
Una invitación para hoy
Quiero proponerte un pequeño ejercicio.
Piensa en una frase que repitas con frecuencia sobre ti.
Escríbela.
Después pregúntate:
¿Quién me enseñó esto?
¿Cuándo empecé a creerlo?
¿Sigue siendo cierto hoy?
Y, por último, hazte una pregunta más.
¿Qué cambiaría en mi vida si dejara de creer esta historia?
Quizá descubras que muchas de las barreras que encuentras fuera comenzaron, hace mucho tiempo, en una idea que nunca llegaste a cuestionar.
Porque las creencias tienen un enorme poder.
Pueden limitar nuestra vida.
O pueden abrir caminos nuevos.
Y, a veces, el primer paso hacia el cambio consiste simplemente en atrevernos a mirar nuestras historias con otros ojos.
«Hasta que el inconsciente no se haga consciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino.»
— Carl Gustav Jung
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