Este artículo actualiza y amplía «Crisis como palanca de cambio», que publiqué en 2020. Hoy quiero profundizar en esa idea desde una mirada más cercana.
Una frase que me acompaña desde hace años
Hay una frase que me acompaña desde hace años:
«En los mayores momentos de crisis surgen las grandes oportunidades.»
Durante mucho tiempo pensé que era una frase bonita, casi motivacional. Pero la vida, con su forma tan particular de enseñar, me ha demostrado que es mucho más que eso.
Las crisis no llegan para destruirnos
Las crisis no llegan para destruirnos.
Llegan para mostrarnos aquello que ya no puede seguir sosteniéndose del mismo modo.
Nadie busca atravesar un duelo, una enfermedad, una ruptura, una pérdida o un cambio inesperado. Nadie desea sentir que el suelo desaparece bajo sus pies. Sin embargo, cuando la vida nos coloca ahí, ocurre algo que rara vez vemos mientras estamos inmersos en el dolor.
Empezamos a hacernos preguntas diferentes
Las mismas respuestas ya no sirven.
Las prioridades cambian.
Descubrimos que aquello que antes parecía imprescindible deja de tener importancia y que otras cosas, a las que apenas prestábamos atención, se convierten en esenciales.
La crisis nos obliga a detenernos.
Y detenerse no siempre significa rendirse.
A veces significa escucharse por primera vez.
Lo que he visto acompañando a otras personas
Como coach, he acompañado a muchas personas en momentos en los que sentían que todo se derrumbaba. Curiosamente, casi ninguna recordaba esos momentos como el inicio de algo bueno.
Solo con el paso del tiempo eran capaces de mirar atrás y reconocer que aquel punto de ruptura también había sido un punto de partida.
Porque una crisis no cambia únicamente nuestras circunstancias.
Nos cambia a nosotros.
Nos invita a revisar nuestras creencias, nuestras relaciones, nuestras expectativas y la manera en la que nos tratamos cuando las cosas no salen como esperábamos.
Podemos decidir qué hacemos con ello
No siempre podremos elegir lo que nos sucede.
Pero sí podemos decidir qué hacemos con ello.
Podemos resistirnos con todas nuestras fuerzas, intentando volver a ser quienes éramos.
O podemos permitir que esa experiencia nos transforme en quienes estamos llamados a ser.
Eso no significa romantizar el sufrimiento.
El dolor duele.
Y hay heridas que necesitan tiempo, ayuda y mucho amor para cicatrizar.
Pero incluso en medio de esa oscuridad puede aparecer una pequeña grieta por la que entra la luz.
No porque el dolor desaparezca.
Sino porque empezamos a mirarlo de otra manera.
Una vida más coherente con quienes somos hoy
Quizá la oportunidad no sea recuperar exactamente la vida que teníamos.
Quizá sea construir una vida más coherente con quienes somos hoy.
Una vida con más verdad.
Más presencia.
Más libertad para elegir.
Si estás atravesando una crisis, no voy a decirte que todo pasa o que todo ocurre por una razón.
Solo quiero recordarte algo.
Puede que hoy no seas capaz de ver la oportunidad.
Y está bien.
No necesitas verla todavía.
Solo necesitas seguir caminando.
Porque, muchas veces, las grandes oportunidades no aparecen cuando termina la tormenta.
Empiezan a nacer en el mismo instante en que decidimos dejar de luchar contra ella y comenzamos a preguntarnos qué ha venido a enseñarnos.
«No podemos cambiar las cartas que nos han repartido, pero sí la manera en que decidimos jugarlas.»
Randy Pausch
Si este artículo ha resonado contigo o estás viviendo un momento de cambio, me encantará leerte en los comentarios.
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